
Intervención del Sen. Luis Donaldo Colosio Riojas, del grupo parlamentario de Movimiento Ciudadano, para referirse al pronunciamiento de la Mesa Directiva sobre el asesinato de Carlos Alberto Manzo Rodríguez, alcalde de Uruapan, Michoacán. 4 de noviembre de 2025.
El asesinato de Carlos Manzo nos confronta con una verdad dolorosa.
En México sigue siendo más probable que quien alza la voz reciba una respuesta criminal antes que una respuesta gubernamental.
A Carlos lo asesinaron frente a su gente, en la plaza principal de Uruapan. No estaba en el lugar equivocado, no estaba en el momento incorrecto.
Carlos estaba donde tenía que estar un alcalde, con su gente, celebrando, acompañando, haciendo lo que siempre hizo, dar la cara. Y murió como nadie debe de morir.
Esa imagen de un presidente municipal abatido en plena plaza pública, entre su comunidad, es un relato brutal de lo que está viviendo el país.
El crimen camina entre la gente con la tranquilidad de quien sabe que el Estado si llega, llegará después, cuando ya no hay nada que proteger.
El Estado llegará a levantar el acta, porque el crimen sabe que la justicia no lo persigue, que encontrará a un culpable cómodo y que su violencia, como tantas otras, será olvidada.
Así se ve un país cuando el crimen está más organizado que el Estado. Así se ve cuando los delincuentes actúan con más decisión que las autoridades.
Así se ve cuando se intenta resolver con escoltas un problema que desborda a todo un Estado. Así se ve cuando un grito de auxilio se deja para después.
Carlos era un alcalde incómodo para el crimen, pero ideal para quienes sueñan con un país libre de violencia, porque se atrevió a decir en voz alta lo que todos sabían y pocos se atrevían a nombrar.
Denunció la extorsión a los productores de aguacate. Señaló la infiltración del crimen en la economía local. Habló de la soledad con la que gobiernan los gobiernos municipales.
Y en ese contexto pidió ayuda. Pidió ayuda porque conocía el riesgo. Y sin ocultar el miedo, eligió seguir trabajando para dejarle a sus hijos un mejor Uruapan del que encontró.
No es normal el asesinato de Carlos Manzo este fin de semana. No es normal el asesinato de Bernardo Bravo hace dos semanas. No es normal la desaparición del ex alcalde de Zinapécuaro, Alejandro Correa. Y no es normal que lo valiente sea alzar la voz y la respuesta sea callarla.
Y no es que la violencia político-criminal sea algo nuevo, pero se ha vuelto más frecuente, más cercana y más impune.
El 2024 fue el año con mayor violencia política desde que se llevan registros: 661 personas fueron víctimas de esta forma de violencia. Prácticamente el 78% de los ataques ocurrieron a nivel municipal.
Es decir, el crimen ha convertido a las autoridades locales en su objetivo principal, utilizando la violencia como herramienta para influir en la vida pública de los estados y de los municipios. Esta realidad nos obliga a aceptar algo que es tan incómodo como evidente.
Los gobiernos municipales están bajo ataque, precisamente cuando más solos se encuentran.
Mientras el país ha apostado por una política de seguridad cada vez más centralizada, cada vez más militar, los municipios, que son los espacios donde la gente habita, donde la gente trabaja, donde la gente desarrolla su vida han quedado desprotegidos.
El crimen los acosa, los extorsiona, los despoja, incluso hasta usurpa funciones que deberían de ser del Estado.
Y ahí es donde tenemos que concentrar todos nuestros esfuerzos, porque cada vez que el Estado deja solos a los municipios, el crimen llena esos vacíos y lo hace de forma implacable.
Cuando asesinan a un alcalde, no matan a una persona, matan la idea de un gobierno, matan la esperanza de que todavía se puede ejercer el poder con dignidad, con osadía.
Hoy, desde el Palacio Nacional se presentó el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia. Un plan que si bien llega tarde, termina por darle la razón a Carlos.
Porque lo que hoy se anuncia como una nueva estrategia fue precisamente lo que él pidió. Atención, coordinación, presencia del Estado, apoyo real a los municipios. Yo celebro y le auguro los mejores resultados a este plan.
Pero no puedo evitar preguntarme: ¿Por qué tuvo que pasar esto para que se escuchara a Carlos? ¿Por qué esperar la tragedia antes de corregir el rumbo? Para reconocer que los municipios no pueden enfrentar solos al crimen, que la seguridad no se sostiene con despliegues temporales, sino con instituciones fuertes, con justicia, con desarrollo.
Carlos tuvo que morir para ser escuchado. Esa es la tragedia que tenemos todas y todos que trabajar de manera conjunta para evitar a toda costa que se repita.
Que la voz de quienes advierten el peligro solo se escuche cuando ya sea demasiado tarde no puede ser normalizado en nuestro país.
La memoria de Carlos Manzo nos enseña que la dignidad no se negocia y que la paz no es posible simplemente decretarla desde arriba.
La paz se construye desde abajo, desde donde la gente trabaja, desde donde la gente resiste, desde donde la gente cree en la justicia a pesar del miedo.
Por eso es urgente de reconstruir la fuerza civil desde lo local, para que la fuerza federal pueda concentrarse en lo que le corresponde, que es desarticular las organizaciones criminales que azotan, que amenazan vidas, que invaden territorios.
Policías estatales, fortalecer las policías municipales es el primer paso para que los gobiernos locales puedan recuperar el control de sus territorios, para que puedan proteger a su gente. El país no puede seguir administrando la tragedia con condolencias.
Hace un mes Carlos dijo que no quería hacer una estadística más. De nosotros depende que no lo sea. Que su nombre no se sume a una larga lista. Que su voz no se apague. Que su memoria se honre con una respuesta del Estado firme, integral y duradera. Que devuelva a Michoacán la seguridad que se le ha negado por años.
Y esa justicia no llegará si seguimos buscando culpar al pasado. En el ejercicio del buen gobierno, podrán existir cosas que no sean nuestra culpa, pero todas son nuestra responsabilidad.
Por eso, desde el Senado avanzaremos en tres direcciones. Primero, solicitaremos un informe a la Guardia Nacional para que explique y justifique la salida de sus elementos de Uruapan el pasado 8 de octubre.
Segundo, la bancada de Movimiento Ciudadano exhortaremos la creación de una comisión para dar seguimiento a las acciones destinadas a proteger alcaldes, alcaldesas, servidores públicos, actores políticos frente a la violencia del crimen organizado y además incrementar el presupuesto para fortalecer el estado de fuerza y las capacidades institucionales de las policías estatales y de las policías municipales, así como aumentar los recursos del FASP y del FORTAMUN.
Y tercero, avanzaremos en un paquete de reformas para fortalecer la seguridad desde lo local, garantizando derechos laborales, capacitación y protección real a los policías municipales y estatales, y fortaleciendo las fiscalías locales para mejorar su eficiencia, profesionalizando la investigación y ampliar atención a víctimas.
México nos exige empatía. México nos exige protección. México nos exige justicia. Y esa justicia empieza cuando el Estado llega a tiempo y vuelva a ocupar el lugar que nunca debió abandonar.
Que los valientes nunca se queden solos y que alzar la voz no cueste la vida.
Gracias, presidenta
